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Moreno jugador SD Huesca y FC BarcelonaEn julio de 1949, a los pies de la escalinata del Olimpo, nos encontramos a un chaval zaragozano de 19 años, Tomás Hernández Burillo, al que todos llaman Moreno. Está fichando por el Huesca junto a su hermano Julio. Dos futbolistas en un pack, como las natillas. El cronista de la Nueva España acaba confesando que, de todos los fichajes de ese verano, éste parece el más discutido.

Moreno es, a simple vista, un interior izquierdo escurridizo y rápido de lo más normal, pero pronto va a descubrirse que esconde una serpiente en su pequeño cuerpo. Progresa muy rápido, sube un escalón y se afianza en el equipo. Al final de la temporada consigue el anhelado ascenso a Segunda División. El entusiasmo se apodera de la ciudad. No ha cumplido los 20 y ya es figura de un equipo que va a dar guerra desde el primer día en la división de plata. En un arranque fulgurante, el Huesca se coloca cuarto. «Los cuartos sin cuartos» pregona la prensa con ingenio.

El joven talento es uno de los secretos mejor guardados del fútbol español y los aficionados locales lo disfrutan, hasta que, en un partido contra el San Andrés, los técnicos del Barça lo descubren.
En la Navidad de 1951, el F.C.Barcelona solicita al jugador para un amistoso contra el Nuremberg alemán, y el Huesca, gentil, se lo cede. ¿Habrá gustado?, se pregunta el hincha oscense, orgulloso y preocupado al mismo tiempo. Dos meses después, se responde la gran duda. Moreno ficha por el Barça. En una entrevista de despedida pregona su amor eterno al club y se le escapa una confidencia sobre su ficha, 500.000 pesetas de las de antes.

En Barcelona coincidirá con grandes estrellas, ninguna mayor que Kubala y Ramallets. También con altoaragoneses ilustres, como el masajista Ángel Mur. Ha vuelto a subir un nuevo peldaño en la escalinata de la gloria, y ya no se detendrá. Gana 2 ligas y 3 copas de España. Debuta con la selección en 1953. Si no ha llegado a lo más alto, poco le falta.

Tomás Hernández Burillo murió demasiado pronto, en 1982. Sin embargo, le dio tiempo a escuchar la canción que en el año 80 publicó Joan Manuel Serrat. «Temps era temps», el «érase una vez» de una generación que miraba hacia atrás con nostlagia. Y cerraba el estribillo aquella delantera «Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón», inmortalizada, como los héroes griegos quedaban para siempre en la memoria de los hombres gracias a los versos de los poetas.

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Ese fue Moreno. El chavalín tímido que llegó de puntillas. Uno de los nuestros. Habrá que ponerse manos a la obra y escribirle una canción a esa otra delantera mítica, la del ascenso a Segunda de 1950: «Julio, Samuel, Badal, Moreno y Noya».


Fuente:

Libro «El Huesca. 100 años de fútbol» (Tropo Editores, 2010)

Hemeroteca del Diario del Altoaragón.

 

Fotografía:

Wikipedia, Riviera glx